Como Holanda controló el " bicho "

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Los días de sol cotizan en bolsa en los Países Bajos y pretender que los ciudadanos holandeses se

encierren por voluntad propia en sus casas, en lugar de salir a pasear por los bosques y las playas,

como gesto de responsabilidad para frenar el coronavirus, se ha demostrado misión imposible. Im-

ponerlo por decreto quizás habría funcionado, pero el temor a lo mal que le sentará a una población

"libre" y una economía "liberal" mantiene el confinamiento al final de la lista de posibles medidas a

aplicar para frenar los contagios.

Desde el fin de semana pasado, los rayos de sol han estado invitando a la gente a salir a comprar en

las tiendas que aún quedan abiertas, a pasear o a hacer pícnic en el césped de los parques con los críos,

algo que todavía está permitido en el país a pesar de estar en plena pandemia. El Ejecutivo confía en

que el pueblo sabrá protegerse y proteger a los demás, pero pocos cumplieron las normas mínimas:

mantener la distancia de metro y medio, evitar aglomeraciones, y tratar de salir solo para lo imprescin-

dible.

En una sociedad consciente de los peligros del coronavirus, lo "imprescindible" significa un paseo re-

lámpago para estirar las piernas sin sacar a toda la familia en masa, llevar al perro a hacer sus necesi-

dades sin aprovechar para remolonear por las calles, una carrera de unos pocos kilómetros para ejerci-

tar el cuerpo, o un viajecito a la farmacia o al supermercado para comprar lo justo y necesario, sin nece-

sidad de que un agente te pida la lista de la compra en la puerta del súper. Y hasta ahí.

Pero esto no ha funcionado por mera voluntad: los holandeses por sí solos no han puesto candados en la

puerta, para decepción de su Gobierno. En una sociedad alérgica a las medidas oficiales que limitan sus

movimientos o sus libertades, declarar el confinamiento total de la población no resulta una tarea fácil de

explicar. Por eso, Mark Rutte hizo una excepción y salió a explicar a qué se está enfrentado el mundo, en

el que fue el primer discurso televisado de un jefe de gobierno holandés desde 1973.

Expuso tres escenarios posibles frente al coronavirus: el primero es dejar que el virus se propague sin con-

trol, lo que acabaría saturando el sistema sanitario y dejándolo sin capacidad para tratar a los más vulnera-

bles. El segundo supone tratar "interminablemente" de detener el virus, cerrando completamente el país

durante más de un año, lo que tendría consecuencias fatales para el país, según Rutte.

El tercer escenario, apuesta del Ejecutivo holandés, es tratar de controlar al máximo la propagación del virus:

una propagación controlada entre los grupos que aparentemente sufrirían menos las consecuencias del corona-

virus (los más jóvenes y sanos), al tiempo que se aplican ciertas medidas que permitan controlar el pico en el

número de infecciones y extenderlo durante un periodo más largo de tiempo. "Con este enfoque, desarrollare-

mos inmunidad y nos aseguramos de que el sistema de salud pueda manejar la situación, para que las residen-

cias de ancianos, la atención domiciliaria, los hospitales y las unidades de cuidados intensivos no se sobrecarguen".

Este discurso llevó a la prensa local e internacional a concluir que Rutte apuesta por buscar la inmunidad de

rebaño. Una estrategia inteligente si alguien supiera con certeza científica cómo funciona la inmunidad con

un virus que es nuevo hasta para los científicos, y si funciona, por ejemplo, como con el sarampión: sufrirlo

una vez te inmuniza para toda la vida. Básicamente sería experimentar con la población holandesa, conta-

giando a alrededor del 60% de los ciudadanos con un virus qué nadie entiende aún, para ver si así se hacen

inmunes y vuelven a la rutina sin contagiar a los más vulnerables.

Esto es lo que quería hacer el británico Boris Johnson, hasta que se dio cuenta de que es un experimento que

pone en riesgo demasiadas vidas. Ante las críticas de los expertos, Rutte salió a subrayar que la "inmunidad de

rebaño" no es, en realidad, el objetivo último de su estrategia, sino que es un "efecto secundario" de las medi-

das que se han tomado, a la espera de un tratamiento al coronavirus. Pero reconoce que tanto una vacuna como

la inmunidad grupal pueden "tardar años" en llegar.

¿Entonces cuál es la estrategia que está siguiendo el Ejecutivo de Mark Rutte? Confiar en que la totalidad de la

población entienda, una vez por todas, las dimensiones del problema y se proteja para frenar contagios. Los pri-

meros días de la primavera han dejado claro que eso no es así, así que el lunes, en una rueda de prensa cuál padre

indignado con sus críos, Rutte se puso estricto y anunció "fuertes multas" (unos 400 euros) a quienes salgan en más

de dos o que, sin ser pareja o familia, no mantengan la distancia de metro y medio en la calle.

Eso sí, "todavía no es necesario el confinamiento", y los niños de hasta 12 años -que evidentemente pueden transmi-

tir el virus si están infectados- pueden seguir jugando juntos al aire libre porque el coronavirus tiene "menos efectos"

en ellos, dice. Este mismo argumento, junto a la necesidad de que los padres sigan trabajando y la economía funcio-

nando, justificó durante días la negativa a cerrar las escuelas. Los parques naturales, playas y campings siguen

abiertos, pero los alcaldes tienen ahora autoridad para ordenar su cierre si no se cumplen las reglas.

De momento, hasta el 1 de junio no habrá eventos, conferencias ni ferias. Los gimnasios, restaurantes, lugares de

ocio, discotecas, prostíbulos, museos y escuelas no pueden abrir hasta el 6 de abril. Los coffeeshops, que tuvieron

que cerrar sus puertas durante unas horas como parte de estas medidas, lograron reabrir, solo por ventanilla, por mo-

vilización popular. El Gobierno ha dado un paso atrás después de ver que los consumidores desfilan en largas colas

tratando de comprar suministro para las cuarentenas. Los narcotraficantes tampoco han tardado en ocupar las calles

para cubrir la demanda, lo que alarmó al Ejecutivo.

Para Rutte, estas medidas significan un "confinamiento inteligente", permiten a quienes cumplen las recomendaciones,

no estar sometidos al encierro total y seguir funcionando. Quizás lo contrario suponga que paguen justos por pecadores,

pero esta estrategia no ha evitado el contagio de cientos de personas cada día. El total asciende a 6412 casos, 852 pacien-

tes más que el día anterior, y los fallecimientos alcanzan las 356 personas, de los que 80 se registraron solo en las últimas

24 horas.

Sabiendo cómo están de mal las cosas en la madre patria, en esta casa llevamos ya dos semanas encerrados. Es cierto

que son muchos los que también se han confinado en su casa por responsabilidad y voluntad propia. Es tan fácil como

mirar por la ventana y no ver a los vecinos de siempre deambular por la calle, a los abuelos sentarse a descansar con su

perro en el banco de la esquina, ni a los que desfilan cada día con sus bicis desde y hacia la oficina, pero los concientiza-

dos siguen sin ser la mayoría de la población. Ver esos críos tocarlo todo y subirse en serie a los toboganes, para abrazar

después a sus padres con las mismas manos, o irse a pasear de la mano de los abuelos, es una clara amenaza a la salud

pública.

 

 

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