Raúl deja el poder, la dictadura sigue !

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Arranca el Congreso del Partido Comunista de Cuba, que oficializa su salida como primer secretario y traspasa todo

el poder al presidente Díaz-Canel


Cuando Raúl Castro diseñó la arquitectura de su sucesión al frente de la revolución no podía ni imaginar que llegarían

al VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), inaugurado este viernes, en condiciones tan precarias: con

una crisis económica tan profunda que pareciera un remake del Periodo Especial, con una pandemia que ha fulminado

el turismo, con una unificación monetaria que ha disparado la inflación, con un descontento social que se mide todo

s los días en las redes, con la "hermana" Venezuela en plena debacle y con la pujanza de disidentes, intelectuales y jó-

venes artistas que luchan por la libertad ante los ojos del mundo.

"Concluye mi tarea como primer secretario al Comité Central del PCC con la satisfacción de haber cumplido y la

confianza en el futuro de la patria... Continuaré militando como como un combatiente revolucionario", ha expresado

Castro.

"Mientras viva estaré con un pie en el estribo para defender a la patria, a la revolución y al socialismo". Y ha aña-

dido que tiene la satisfacción de entregar la dirección del PCC "a un grupo de dirigentes preparados".

Miguel Díaz-Canel, de 60 años, reemplaza a Raúl al frente del "órgano rector de la sociedad cubana" y, cuando

este acabe su segundo mandato, comandará el "alma de la revolución", como llamaba Fidel al PCC.

"Soñar y continuar un país. Aquí se afianzan las ideas, se reconoce la Historia y se habla de futuro", adelantó Díaz-Canel

en sus redes sociales, antes de que quedara inaugurada la "magna cita" con la convicción de que "seguiremos siendo

fieles al legado de nuestros mártires y al ejemplo de Raúl y Fidel".

Queda por ver si el pequeño de los Castro asume su promesa de cuidar a sus nietos y leer unos cuantos libros o si perma-

nece en la sombra, como quiere la nomenclatura, para supervisar a su elegido, en un remedo caribeño del chino Deng

Xiaoping. El "enemigo imperialista" sigue estando allí, a menos de 200 kilómetros; el tan esperado cambio de adminis-

tración todavía no ha provocado los efectos esperados. De hecho, desde Washington han dejado claro estos días que

"Biden no es Obama en la política hacia Cuba".

La despedida de Raúl, a punto de cumplir 90 años, marcará el cónclave comunista, que como punto de partida se enfrenta-

rá a una dicotomía de difícil encaje: actualización y continuidad histórica para una nueva era sin los hermanos Castro,

pero con castrismo. "Tarea difícil resolver la contradicción que hay entre continuidad y cambio, solo solucionable en el len-

guaje virtual de la dictadura", ironizó Martha Beatriz Roque, economista que fue encarcelada por Fidel durante la Primavera

Negra.

De momento, tanto Raúl como Díaz-Canel han movido varias fichas en las últimas horas. El primero ha cambiado al

frente del Ejército al general Leopoldo Cintra Frías por el general Álvaro López Miera, hijo de republicanos asturianos exi-

liados en Cuba. Ambos son "Héroes de la República" y del círculo más cercano al ex presidente.

COMPROMISOS DE ESTADO

Desde el Gobierno se ha promovido un cambio tantas veces solicitado: que los campesinos puedan vender leche y carne

en un país donde se castigaba con prisión y fuertes multas a quien sacrificara vacas. Primeramente, deberán cumplir sus

"compromisos" con el Estado.

"Una nueva generación está consolidando el control. Ahora se verán obligados a hacer reformas importantes, porque su

legitimidad no proviene de un trasfondo revolucionario, sino de ser capaces de demostrar un mejor desempeño", aporta el

analista Arturo López Levy.

Bajo estas circunstancias, el Congreso echó a andar ayer con el habitual boato revolucionario. "El partido constituye

garantía de unidad nacional y síntesis de los ideales de dignidad, justicia social e independencia de las generaciones de

patriotas que nos antecedieron y las que nos han defendido en todos estos años de lucha y victoria", reafirmó Ramón Ma-

chado, segundo secretario del Comité Central del PCC y candidato a la jubilación.

Entre las tareas que tienen los delegados comunistas, más allá de nuevas líneas para el ordenamiento económico, están

las de enfrentar la "subversión" que reina en las redes sociales y la de combatir la canción Patria y Vida, que ha calado entre

la nueva sociedad cubana.

"La cuestión de fondo es si los delegados serán capaces de discutir todas aquellas cuestiones vitales para el futuro de

Cuba o si, por el contrario, seguirán acatando de forma absoluta los dictados de la dirección histórica y los principios de la

ación de las jóvenes generaciones cubanas y se cerrará la salida dentro del sistema que podría ofrecerle la nueva dirigencia"

, vaticina Carlos Malamud, investigador de América Latina del Real Instituto Elcano.

La inmensa mayoría de la sociedad cubana vive al margen del Congreso, intentando resolver su día a día, toda una proeza.

Los más bromistas traducen las siglas PCC con "Para Cuándo la Comida". "En Cuba, hoy por hoy, la desconexión social y la

desconfianza en el poder y en el otro es lo que mueve nuestras decisiones. En Cuba se sobrevive desde el "Yo". El concepto de

familia, quizá único superviviente de esta dinámica social, ha mutado con una visión más estrecha y selectiva. La idea de la

sociedad cubana se desmorona junto a las fotografías de los balcones, que recuerdan lo que una vez fue una gran país", resume

Dariem Columbié, escritor y coordinador nacional de la Plataforma Otro18.

"Cuba es hoy una nación en ruinas, que sigue en manos de una familia y una cúpula militar cuyo objetivo es mantenerse en el poder a toda costa", sentencia el Observatorio Cubano de Derechos Humanos.  

 

 

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